martes, 1 de septiembre de 2015

EL Estado como empresario y regulador del sector eléctrico: el BID y el BM

A pesar de que en sus inicios no existía una forma de regulación formalizada por parte del Estado, los Bancos Internacional de Desarrollo y Mundial se convirtieron en verdaderos reguladores[13], ya que hacían requerimientos estrictos al momento de que se solicitara un préstamo. De ahí derivamos que no hubo incentivos suficientes para lograr la eficiencia del sector. En definitiva, con la simple falta de intervención del Estado se creaban desincentivos en cuanto a lo invertido y su posibilidad de recuperación, pues no se tenía una garantía de prestación del servicio bajo un marco de libre competencia. No obstante, afirma Millán que hubo un precario cumplimiento de las referidas cláusulas a nivel general en América Latina. Para mejorar esta situación, los Bancos amenazaban con no desembolsar el monto del préstamo, pero no se percibía la necesidad de unos sistemas de gobernabilidad de la empresa que hicieran responsables de su gestión a la administración. En consecuencia, la precariedad de la asunción de políticas que acarrearen un correcto manejo del servicio, trajo consigo la necesidad de que fueren implementadas políticas con un carácter coercitivo, que fue lo que intentó hacer el Estado con su entrada al sector. Cabe destacar, sin embargo, que[14] “la creación de una cultura reguladora en países en los que no existe esta tradición es tarea difícil y toma bastante tiempo, especialmente cuando las instituciones complementarias y los recursos humanos no existen o son incipientes”.
Un caso que puede tomarse como ejemplo de lo señalado, es el de Brasil[15]. A pesar de los costos de generación, por la extensión superficial del país, la operación del sistema de generación fue relativamente eficiente. Sin embargo, se observó cómo se utilizaban las empresas estatales para pagar favores políticos, mediante el empleo de una gran cantidad de personas. Esto provocó un exceso de personal en las entidades intervinientes en el sector y una gestión deficiente para el manejo de las pérdidas y las cobranzas. Igualmente, la eficiencia y la calidad en la prestación del servicio dejaban mucho que desear. No obstante, se trabajó para una total reestructuración del sistema, permitiéndoles alcanzar una posición financiera más equilibrada y acercar las tarifas a los costos económicos del suministro eléctrico, sentando bases propicias para una reestructuración más profunda del sector. En este caso se observa cómo la intervención del Estado en el sector trajo consigo beneficios para el manejo del mismo, lo que nos permite pensar que la gestión, sin importar sea directa[16] o indirecta[17] por parte del Estado, trae sus beneficios a nivel nacional y a nivel internacional.
Evidentemente[18], “un regulador independiente protegería a los inversionistas de las intervenciones oportunistas del gobierno y a la vez defendería los intereses de los consumidores de los posibles abusos de los proveedores del servicio”. Así las cosas, en el caso de Colombia[19], si bien el servicio era prestado inicialmente por empresas privadas que no tenían alcance de su prestación a lugares lejanos. Por esta razón, el Estado tomó las riendas de la prestación, pero de manera descentralizada, mediante la implementación de dos empresas que generaban y distribuían cerca del 40% de la energía, mientras que el 60% restante era prestado por empresas propiedad del gobierno nacional. No obstante lograron su objetivo, que era el de ampliar el servicio a la totalidad de la población, para el año 1990 el sector se encontraba en bancarrota, siendo responsable del 30% de la deuda externa total y del 33% del déficit del sector público no financiero. En esta virtud, fue necesaria una reestructuración de la forma de prestación el servicio. De ahí que en su Carta Magna proclamada en el año 1991 se indicaba en su artículo 365, lo siguiente: “los Servicios Públicos son inherentes a la finalidad social del Estado. Es deber del Estado asegurar su prestación eficiente a todos los habitantes del territorio nacional. Podrán ser prestados por el Estado, directa o indirectamente, por comunidades organizadas, o por particulares. En todo caso, el Estado mantendrá la regulación, el control y la vigilancia de dichos servicios”. 
 http://emilymancebo.blogspot.com/2014/04/el-estado-como-empresario-y-regulador.html

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