SANTO DOMINGO,R.D.- Una fantasma recorre al sector salud y de la
seguridad social de la República Dominicana: el fantasma de la duda de
si han alcanzado la calidad de sistema, es decir la de conjunto
armonizado de prácticas “garantizables, exigibles y de vocación
colectiva”, orientadas a satisfacer las necesidades de la población a la
que sirven más que a las instituciones mismas.
Es lo que hay en
el alma de gran parte del público variopinto y multidisciplinario,
integrado por un conjunto de médicos, sindicalistas, enfermeras,
aseguradores y suplidores de riesgo en salud y todo tipo de bienes y
servicios al sector.
Bajo sus dictámenes y resoluciones,
vigilancias, administración, servicios y productos cae la decisión de
hasta dónde, hasta cuándo, cómo y en cuánto los dominicanos hemos de
obtener servicios de seguridad social y de salud y los médicos y
prestadores del sector, remuneraciones justas.
Es la imagen
abrumadora que se pudo colegir de las exposiciones y participación de
los asistentes, ocurridas ayer en una de las mesas de trabajo instaladas
en el “Foro Regional Latinoamericano sobre Protección social: seguridad
social y defensoría ciudadana” inaugurado ayer por la Dirección de
Información y Defensa del Afiliado (DIDA).
En ella, el Lic. Chanel
Rosa Chupani, del SeNaSa, y la Dra. María Victoria Fazio, representante
de la OMS en el país, versaron sobre “Seguridad Social en Salud y
Políticas Sanitarias”.
Para la sensibilidad y consciencia sociales
comprometidas resulta un penoso aturdimiento el nivel y diversidad de
críticas al sistema, procedentes desde dentro, especialmente que pocos
de sus integrantes muestren satisfacción o valoren significativamente
los resultados obtenidos hasta la fecha.
Ayer pudimos atestiguar
que en el sistema hay actores que propugnan porque sea demolido; que lo
acusan de estar paralizado; que exigen que sea reconstruido, lo mismo
que rehecho y mejorado. De todo en la viña de ese señorío del que tiene
que emerger un servicio nacional de salud de calidad, universal e
igualitario, en beneficio de la ciudadanía dominicana, como lo mandan la
Constitución y la Ley 87-01 que creó el Sistema Dominicano de la
Seguridad Social (SDSS).
Sin embargo, la existencia de diferentes
planes de aseguramiento (contributivo, subsidiado y de accidentes) fue
acusada de discriminatoria y fomentista de desigualdades. Que la cápita
del Régimen Contributivo sea de RD$835.89, en tanto la del Régimen
Subsidiado apenas alcanza RD$201.34, se valoró, de por sí, como una
discriminación y evidencia de desigualdad contrarias a la Ley.
En
el evento se señaló que el Catálogo de Prestaciones de Servicios de
Salud (PDSS) se amplíe asumiendo el “Cuadro Básico de Salud” del MINSAP,
para que pueda proponerse al Consejo Nacional de la Seguridad Social
(CNSS) y de esta, a SISALRIL.
Durante años, varias instituciones
gremiales y del sector reclamaron el aumento de la cobertura de
servicios y atenciones médicas o PDSS. Lamentaríamos que actores del
sistema estén aprovechando el tema para lanzar piedras a otros colegas,
ya que la aprobación del PDSS corresponde al CNSS.
En el evento se
pudo percibir lo sensible que están los participantes ante determinados
temas. Especialmente: a) la pobre participación de la sociedad civil en
el debate sobre los derechos de los afiliados; b) el creciente gasto de
bolsillo; c) las “deficiencias de la ley” que indexa los aumentos del
salario mínimo al aporte de los afiliados para incrementar los “gastos
de bolsillo”; d) la contradicción de propiciar que quienes cotizan no
puedan obtener los servicios de salud que realmente necesitan (por las
limitaciones del PDSS), en tanto al no darles lo que requieren (por esa
causa) terminan cobrándoles sin prestarles ningún servicio; e) “el
absurdo”, como se dijo, de una ley que regala a las AFP los fondos de
los afiliados fallecidos si en dos años sus familiares no los reclaman
porque, según se sostuvo, ese dinero es propiedad de los fallecidos.
Como tal, queda como herencia, lo que sugiere que, de estar ocurriendo
así, como otras muchas cosas, el SDSS podría estar asentado sobre normas
y procedimientos violatorios de postulados constitucionales sobre la
propiedad.
También se trajeron otras urgencias, especialmente: f)
que la gente se empodere de los derechos que le otorga la ley 87-01 de
Seguridad Social; g) organizar racionalmente el sistema hospitalario
nacional y el gasto público en salud; h) que se ponga en vigencia el
Nivel de Atención Primaria, no ya como “puerta de entrada” al sistema
sino, al entendido de SeNaSa, como lo fundamental para lograr el
incremento cualitativo de la atención en salud, dada la proximidad a la
gente de este esquema; i) que las trabajadoras domésticas sean
incorporadas a la seguridad social.
También se presentaron otros
reclamos. Entre estos: j) la necesidad de incorporar a los trabajadores
informales; k) que se incremente gradualmente el presupuesto nacional en
salud hasta alcanzar el 6% del PIB exigido por la OMS; l) lo
fraudulento de que el 90% de partos en el Régimen Contributivo sean por
cesáreas cuando la media mundial es 10% y lo tolerable, 30%...
En
fin, que cada quien parece estar halando para su parte en SDSS, excepto
hacia la atención a las personas, menos hacia los pobres. Como si fuera
un torbellino de insatisfacciones al que se reconocen logros
institucionales reales pero que para definirlo la expositora de OMS
recurrió al término de utopía, como “lo que está allá en el horizonte”
y, para que lo entendamos bien, lejano.
http://www.listindiario.com/puntos-de-vista/2014/12/4/347830/SDSS-entre-realidad-inconformidad-y-utopia